Pensamiento social

Historia del Pensamiento Social y la Sociología

Sobre el Estado y la Dialectica Hegeliana: La Negación , Diferenciación, y Unidad del Espíritu .


Mario R. Cancel-Sepúlveda:

El Dr. José Anazagasty Rodríguez reflexiona sobre el Estado y la Dialéctica Hegeliana.

Originalmente publicado en cogitāre:

*Parte de mi conferencia sobre Hegel para el curso Historia del Pensamiento Social (SOCI 3295). 

La dialéctica hegeliana es un proceso de diferenciación, manifestar el contenido implícito en la aseveración o proposición original de análisis dialéctico, llamado vulgarmente la “tesis.” Esto se logra mediante la negación de esa proposición  por un contrapuesto, un momento llamado vulgarmente la “anti-tesis.” Esta es la “primera negación,” la que hace explicito el contenido implícito en lo negado. Por ejemplo, la negación de la familia por parte de la sociedad civil burguesa, discutida por Hegel como parte de su análisis sobre la eticidad moderna en su Filosofía del Derecho, manifiesta aspectos de la familia que ya estaban contenidos en ella, que esta no envuelve relaciones afectivas únicamente y que encierra además relaciones instrumentales, las relaciones características de la sociedad civil burguesa.

En el análisis hegeliano de la eticidad la “primera negación” describe el “Espíritu que…

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septiembre 19, 2014 Posted by | Uncategorized | Deja un comentario

La Teoría del Contrato Social


  • José Anazagasty Rodríguez
  • Sociólogo

El contrato social se refiere a un acuerdo entre las personas y su gobernante, o entre los miembros de una comunidad. La idea de un contrato social, popular entre varios pensadores de la era ilustrada y eras previas, ha sido utilizada con argumentos que difieren en cuanto a lo que intentan justificar, sea esto el Estado, concepciones particulares de la justicia, o una teoría moral particular. Tradicionalmente, el término ha sido usado para explicar la naturaleza de las obligaciones políticas y las responsabilidades que los gobernantes tienen para con sus súbditos.
La teoría del contrato social es antigua, tan antigua como la filosofía. De hecho, encontramos sus orígenes en los diálogos socráticos. Desde entonces ha estado presente en la filosofía y las ciencias sociales, con las versiones más recientes las de Jhon Rawls y David Gauthier. Sin embargo, fue durante la Ilustración que las teorías del contrato social gozaron de una tremenda popularidad y prestigio. De hecho, han sido los contratistas sociales ilustrados los más estudiados y discutidos, especialmente Thomas Hobbes, John Locke y Jean Jacques Rousseau. Pero, antes de discutir las propuestas teóricas de estos intelectuales ilustrados, resumidas en la tabla al final del texto, es preciso mencionar las ideas principales detrás de las teorías del contrato social.

Conceptos básicos

La teoría del contrato social propone que las obligaciones políticas y morales de los individuos dependen de un contrato entre ellos para establecer una sociedad. Se trata de una teoría fundamentada en un modelo contractual. Para los contratistas sociales los individuos en sociedad se acatan a un pacto o convenio al que se obligan sobre materia moral y política, y a cuyo cumplimiento pueden ser forzados por un soberano, el Estado.
En las teorías del contrato social la sociedad es también un concepto contractual, jurídico y económico. Es por ello un concepto distinto del usado comúnmente por los sociólogos y otros científicos sociales. Para los contratistas sociales la sociedad se refiere al producto del contrato, a lo que la Real Academia Española define como una “agrupación pactada de personas, que constituyen una unidad distinta de cada uno de sus individuos, con el fin de consumar, mediante la recíproca cooperación, todos o alguno de los fines de la vida.” Se trata, para reafirmar lo dicho, de una definición de una sociedad típica del ámbito jurídico y económico.
Las diversas teorías ilustradas del contrato social tenían como propósito primordial explicar el origen y establecimiento de las instituciones políticas, del Estado. Esto requería reconstruir las condiciones que hicieron necesario y conveniente el contrato, y con este la sociedad y el Estado. Para ello se valieron de la idea del “estado de la naturaleza.” Este se refiere a una situación hipotética, a un estado supuesto de los humanos previo a la instauración del contrato y de la asociación producto del mismo, y anterior al Estado y las instituciones políticas.

Evolucion

Evolución

Contrastes

Si los contratistas Hobbes, Locke y Rousseau partieron de la situación hipotética de un estado de la naturaleza, estos propusieron modelos distintos del mismo. Esas diferencias eran el resultado de sus concepciones distintas de la naturaleza humana y acerca de las características propias y esenciales de la humanidad. Para Hobbes el ser humano era una criatura cuyas acciones estaban guiadas por una tendencia fundamental a satisfacer sus instintos primarios y sobre todo a conservar su vida. Se trataba de un ser pasional y egoísta regido por la auto-preservación. Por eso el estado natural era para Hobbes un momento arduo y conflictivo, pues los humanos combatían unos contra otros para satisfacer sus pasiones e instintos primarios y de paso auto-conservarse. El estado natural hobbesiano era en efecto una “guerra de todos contra todos.”
Para Locke, sin embargo, los seres humanos eran criaturas esencialmente independientes y libres, aparte de iguales entre sí. Pero eran además seres morales por naturaleza. Estos, puesto que nacían tabula rasa, desarrollaban sus ideas mediante la experiencia y el aprendizaje. Su única propiedad eran su cuerpo y su trabajo. En fin, para Locke, un liberal inglés, el estado natural estaba fundamentado en la igualdad y la libertad individual y se trataba de un estado donde no existía la autoridad gubernamental ni la propiedad privada. Pero a pesar de su moralidad estos seres eran capaces de transgredir la propiedad de otros y esas trasgresiones eran continuamente castigadas de forma excesiva por otros. En el estado de la naturaleza esas delitos contra a la propiedad y los excesos punitivos eran muy comunes, según un Locke.
Finalmente, Rousseau pensaba que los seres humanos eran esencialmente maleables. La naturaleza del hombre era para él plástica y manejable, y por ello, dependiente de la sociedad. En el estado natural los seres humanos eran según Rousseau libres, inocentes, iguales, solidarios, bondadosos y amorales. Eran potencialmente racionales pero hacían poco uso de la razón, pues ello no era necesario. Eventualmente produjeron sociedades y con ellas, anhelos y pasiones no naturales aparte de la propiedad privada y las desigualdades sociales derivadas de la posesión de propiedad. Sin embargo, persistía entre ellos una conciencia moral.
Según los contratistas sociales  ilustrados las disposiciones naturales de la humanidad, su naturaleza y esencia, provocaron circunstancias que hicieron necesario un contrato social, asociaciones para Rousseau, cuyo cumplimiento solo podía ser asegurado y resguardado por el Estado. Era al Estado al que las partes involucradas le concedían la soberanía.
Para Hobbes el carácter conflictivo del estado natural amenazaba la auto-preservación e impedía satisfacer los instintos primarios. Surgió entre ellos entonces la concepción de que el orden, la paz y la cooperación aumentaban las posibilidades de auto conservación y satisfacción de los instintos primarios. Consecuentemente se acordó un contrato social que sería resguardado por el Estado. Aquel acuerdo le cedía la soberanía o derechos a un tercer actor, una persona soberana, el monarca absoluto para Hobbes. La longevidad del contrato dependía según él de la fuerza, de un estado absoluto capaz de controlar los apetitos y pasiones humanas, pero que garantizara la preservación de sus vidas.
Para Locke el contrato social se concretó para evitar no solo las infracciones o faltas contra la propiedad privada sino además para evitar castigos demasiado severos contra los delincuentes. El contrato también requería de un soberano que emitiera leyes y estableciera las penas para cualquier transgresión, todo a favor del bien público y a tono con las leyes naturales. Puesto que el contrato era entre iguales, el Estado apropiado para ello era uno organizado por principios democráticos y parlamentarios, distante del estado absolutista apoyado por Hobbes.
Para Rousseau el surgimiento de la propiedad privada y las desigualdades sociales derivadas de esta aumentaron la desconfianza mutua entre los individuos y agudizaron el crimen y la violencia. Se propuso entonces el contrato, la instauración de un gobierno que promulgara leyes para proteger la propiedad de los ricos, no la de todos como proponía Locke. Contrario a este último Rousseau no presuponía la igualdad entre las partes. Se trataba para Rousseau de asociaciones injustas. Para Rousseau la soberanía era concedida a la comunidad, una personalidad colectiva, que se expresaba según una voluntad general que era capaz de una voluntad moral dirigida a preservar todas sus partes. Se trataba de un modelo cercano a la politeya griega. Sin embargo, Rousseau, consciente de las desigualdades sociales, pensaba que el pueblo, aunque incorruptible, podía ser engañado, lo que ocurría con frecuencia. Es por ello que predominaba la voluntad de unos pocos.

Los Contratistas Sociales y la Teoría Sociológica Clásica

Los contratistas sociales estaban más interesados en explicar el origen y desarrollo de las instituciones políticas y el Estado que en revelar la sociedad como un fenómeno distinto de las instituciones políticas. No obstante, la teoría del contrato social, en sus variaciones, fue un predecesor importante de la teoría social, esto por su preocupación por el análisis de la moral, entendida como reglas, tradiciones y costumbres que gobiernan la conducta humana, y las que asociaban a las pasiones humanas, a la naturaleza humana. Asociaron estas pasiones al origen de las instituciones políticas. Esto fue de gran interés para muchos pensadores ilustrados como Montesquieu, Hume, Smith, Kant y Hegel, entre otros, todos predecesores importantes de la sociología clásica. Sigue leyendo

septiembre 16, 2014 Posted by | Contratistas sociales, Estado Naturaleza, Historia del pensamiento social, Ilustración, Iusnaturalismo, José Anazagasty Rodríguez, Pensamiento ilustrado, Pensamiento Social Moderno | , , , , , , , | Deja un comentario

La Sociología y el Barón de Montesquieu


  • José Anazagasty Rodríguez
  • Sociólogo

Charles Louis de Secondat, Barón de Montesquieu, presentó en 1748 una doctrina de separación de tres poderes —ejecutiva, legislativa y judicial—muy discutida por los historiadores del pensamiento social y político de la modernidad.  Su tipología de los estados y regímenes también ha sido muy discutida. Sin embargo, sus contribuciones al pensamiento sociológico apenas han sido examinadas. Para Salvador Giner 1999 [1967]) “la continuidad del enfoque sociológico de la realidad sólo comienza con Montesquieu.” Esto lo convierte en uno de los precursores más importantes de la sociología o acaso uno de los fundadores de esa disciplina moderna.  

Barón de Montesquieu

Barón de Montesquieu

Su enfoque sociológico era también histórico. Su visión del cambio social o de la historia era distinta y algo más compleja que la visión de muchos de sus contemporáneos, una combinación de una visión lineal y simultáneamente cíclica de la historia (Macfarlane 2013). Pensaba, como muchos otros pensadores de su época, que las sociedades evolucionaban, cambiaban, y se hacían más complejas, sobretodo en términos materiales y tecnológicos. No obstante, Montesquieu se resistía a la idea de que inevitablemente las sociedades progresaban o avanzaban moralmente.

A pesar de su relativa distancia de la idea ilustrada del progreso, Montesquieu si compartía con otros pensadores de su época la idea de una historia regida por leyes profundas o latentes que el pensador social debía dilucidar. Suponía asimismo que la sociedad, como su historia, estaba regida por leyes, por una racionalidad inmanente. Por ende lo humano, su historia y sociedad, estaba sujeto al estudio racional. Y su enfoque sociológico era positivamente racional y moderno.

El análisis racional de aquella racionalidad innata de la  sociedad y su historia tenía como propósito esclarecer las leyes o causas generales que la determinaban, lo que Montesquieu muchas veces llamó “la naturaleza de las cosas.” Para él, era tarea del intelectual revelar esas causas generales, las que no siempre podían observarse directamente. Es una posición similar a la de los sociólogos y antropólogos estructuralistas clásicos, incluyendo la de los funcionalistas-estructuralistas. Otro aspecto en el acercamiento de Montesquieu que sentaría las bases para el estructuralismo es que el mismo era relacional. Para Montesquieu todo fenómeno social estaba relacionado a otros fenómenos y entender cada uno requería hacerlo en términos de su relación a otros fenómenos. Montesquieu subrayaba las relaciones entre distintas entidades, relaciones que describía como estables y duraderas, características aún hoy usadas por los sociólogos para describir las estructuras sociales. Esto requería de un método holístico, un estudio desde la totalidad típico también de la sociología estructuralista. Para Montesquieu la idea era encontrar el “espíritu” que gobernaba o regulaba las relaciones, su naturaleza, sus causas generales (Macfarlane 2013).   

Otro aspecto muy sociológico de Montesquieu era su determinismo. El determinismo es una doctrina que sostiene que todo acontecimiento físico, incluyendo la actividad social, están causalmente determinados por la perenne sucesión de causas y efectos. Desde esa perspectiva determinista el estado existente y presente “determina” en algún sentido el estado por venir, el futuro. Para muchos pensadores de la era moderna, Montesquieu entre ellos, el medio físico—ambiente, clima y geografía—determinaba los fenómenos y actividades sociales e inclusive a los individuos mismos. Si bien hoy el determinismo geográfico carece de validez es importante señalar que con este Montesquieu registraba el hecho de que los fenómenos sociales son producto de un complejo conjunto de factores, incluyendo factores ambientales (Giner 1999 [1967]). Si bien hoy se reconoce su importancia muy pocos sociólogos tratarían esos factores como factores determinantes y definitivos de la actividad social.

Montesquieu no solo reconoció la relevancia de los factores ambientales sino además que dirigió la atención a una serie de variables que siguen siendo de interés para la mayoría de los sociólogos: el volumen de la población, la organización del trabajo, la migración, el comercio, y la religión (Giner 1999 [1967]). El acercamiento “sociológico” de Montesquieu, como lo sugiere su crítica moral,  estaba además guiado por motivaciones normativas, una preocupación por la moral que también motivaba a varios de los primeros sociólogos, entre ellos a Eugenio María de Hostos y Harriet Martineau.  

Finalmente, y en su intento por entender la historia humana y sus leyes Montesquieu desarrolló una serie de métodos o técnicas que sentaron las bases de las ciencias sociales y que por supuesto contribuirían también a la historiografía. Primero, su método era enteramente comparativo, produciendo lo que hace un tiempo se llamaba la sociología comparada, la comparación de procesos sociales en diferentes sociedades (Macfarlane 2013; Giner 1999 [1967]). Montesquieu estaba particularmente interesado en la comparación de los sistemas políticos o estados. Eventualmente, sociólogos como Comte y Durkheim, entre otros, subrayarían la importancia del método comparativo. Segundo, sus métodos estaban fundamentados en los tipos-ideales, más adelante renovados por el sociólogo Max Weber (Macfarlane 2013). Los tipos ideales son un instrumento conceptual para establecer los rasgos esenciales de los fenómenos sociales. Estos modelos esencialistas permiten examinar fenómenos sociales concretos, que tanto se acercan o se alejan los fenómenos concretos y reales de los rasgos esenciales o ideales del tipo-ideal. Lo más importante de estos tipos-ideales es que facilitan las comparaciones, fundamentales, como ya dijimos, a la sociología de Montesquieu.  Tercero, y como muchos de los sociólogos clásicos del siglo diecinueve, el método de Montesquieu era deductivo procediendo lógicamente de lo universal (o al menos general) a lo particular (Macfarlane 2013). Las observaciones empíricas de Montesquieu y su análisis las realizaba para demostrar principios o postulados lógicos y racionales.

Es por todas las razones mencionadas que el Barón de Montesquieu es considerado uno de los fundadores de la sociología o al menos uno de sus más importantes predecesores. 

*Preparado para el curso Historia del Pensamiento Social enseñado junto a Mario R. Cancel.

 

Referencias

Giner, S. (1999[1967]). Historia del Pensamiento Social. España: Ariel.

Macfarlane, A. (2013). Montesquieu and the Making of the Modern World. CreateSpace Independent Publishing Platform.

 

 

septiembre 10, 2013 Posted by | Barón de Montesquieu, Determinismo, Determinismo geográfico, División de poderes, El espíritu de las leyes, Historia del pensamiento social, Ilustración, Pensamiento ilustrado, Racionalismo, Salvador Giner | , , , , , , , , , | 1 Comentario

La Relación entre Discursos Sociales e Ideologías


  • José Anazagasty Rodríguez
  • Sociólogo

El discurso social expresa valores y creencias sociales, pronuncia el apoyo o rechazo directo o indirecto de los intereses de grupos e instituciones particulares, y ocupa una posición en la economía de los discursos de un momento histórico dado. También envuelve formas de conocer y representar el mundo. Además, sirve como modelo o fórmula para diversos actores discursantes. En vista de ello todo discurso, particularmente el discurso sobre lo social,  es más o menos ideológico.

Una ideología, en un sentido amplio, se refiere a las bases de las representaciones sociales compartidas por los miembros de uno o más grupos.  O como la define Stuart Hall (en van Dijk 1998), conocido experto en estudios culturales, a los marcos mentales –categorías, imágenes y sistemas de representación—que diferentes grupos y clases sociales movilizan para darle sentido, figurar o hacer inteligible los modos en que opera la sociedad. Claro, que como añade Teun A. van Dijk (1998), especialista en discursos, las ideologías también regulan y disciplinan las prácticas sociales, de paso normalizando y justificando relaciones de poder.  Esto sugiere el carácter ideológico del discurso y pensamiento social, pues es precisamente un esfuerzo por explicar, plasmar y hacer perceptible los modos en que opera la sociedad y propone formas de ordenarla o regularla.

Ideologías

Ideologías

Por su parte, el crítico literario Epifanio San Juan (1995), inspirado en la definición althusseriana  de la ideología según trabajada por Pierre Macherey,  la define como un sistema de representaciones inconscientes, prácticas e instituciones por las cuales los individuos viven sus relaciones con sus circunstancias históricas y sociales, experiencias expresadas  a través de la fantasía. 

El pensamiento social o el discurso social no es la excepción. El mismo involucra no solo vivencias sino que también envuelve ficciones. Esto sugiere que debemos hacer con el pensamiento y discurso social lo mismo que recomendara Michel de Certau (1997) con la Historia: reconocer lo que reprime, su carácter literario. Y como dijera el propio de Certau, citando a Jeremy Bentham, el discurso ficticio podría estar más cerca de lo real que el discurso objetivo.

Volviendo a Epifanio San Juan, podemos plantear que el texto, un discurso materializado, es producto de una praxis (reflexión más acción), de un trabajo cuya materia prima son los elementos de las experiencias vividas y que  les proporcionan a dichos elementos una expresión estética gratificante. Dicho trabajo materializa la ideología particular del texto. Ese trabajo es entonces guiado  por un impulso artístico o estético que ensambla un conjunto de representaciones, imágenes y tonalidades,  otorgándole una materialidad y lo que Raymond Williams llamó en varios de sus escritos, una “estructura de sentimientos” que simultáneamente distancia pero localiza a sus constituyentes. Es un trabajo estético de ficción que, no obstante, se refiere a, e instituye lo real. El texto revela las relaciones complejas de varias ideologías a las circunstancias históricas y materiales que proveen a su vez las condiciones que hicieron el texto posible.  Desde esta perspectiva la ideología no puede reducirse a un mero conjunto de ideas, una falsa conciencia o un Weltanschauung (visión de mundo).

 

Referencias

de Certau, M. (1997). Heterologies. Minneapolis: University of Minnesota Press.

Macherey, P. (1978). A Theory of Literary Production. London: Routledge and Kegan Paul.

San Juan, E. (1995). Hegemony and Strategies of Transgression. New York: State University of New York Press.

 

van Dijk, T. A. (1998). Ideology. London: Sage Publications.

agosto 20, 2013 Posted by | Discurso Social, Epifanio San Juan, Historia del pensamiento social, Ideología, Michel de Certau, Pensamiento Social Contemporáneo, Pierre Macherey, Stuart Hall, Teun A. van Dijk | , , , , , , , | Deja un comentario

Los Discursos Sociales y sus Contextos


  • José Anazagasty Rodríguez
  • Sociólogo

El estudio del discurso social a través de la historia requiere, como esboza Cancel (2010) en Pensar Históricamente en Pensamiento Social,  una serie de consideraciones, entre ellas quienes comunican y para quienes es el discurso, el contenido de ese discurso, sus transformaciones a lo largo de la historia y los agentes sociales detrás de esos  cambios. Estas consideraciones apuntan hacia la necesidad de examinar la relación entre los textos y diálogos—los productos del discurso social—y todo aquello que viene con esos textos, es decir, su con-texto. Para empezar, es  importante hacerlo porque el contenido del  discurso social es acerca de lo social, una dimensión fundamental de su contexto que participa de la formación del discurso y que es a su vez más o menos  influencia por el discurso. El discurso social y su contexto se constituyen mutuamente. Es decir, el contexto tiene efectos sobre la producción y reproducción del discurso social a la vez que ese discurso, ya como texto escrito o hablado o en la forma de algún artefacto cultural, tiene un impacto sobre el contexto social. También es importante porque el discurso social es, como todo discurso, un evento social, un evento comunicativo que envuelve la interacción entre habladores y audiencias.    

Diálogos

Diálogos

Examinar el contexto del discurso social es definitivamente importante. Sin embargo, dicho análisis demanda precaución. Eso es precisamente lo que recomienda el historiador intelectual Dominik LaCapra (1982) para quien apelar al contexto podría ser ilusorio. Para él, el estudio riguroso de esa relación requiere que no asumamos que la relación entre un texto y su contexto sea transparente sino que la argumentemos y expliquemos. Segundo, insiste ese historiador, debemos reconocer la multiplicidad de contextos presentes en un texto o dialogo. Debemos no examinar la relación entre el texto y un contexto abarca-todo, sino más bien una compleja relación entre el texto y varios contextos, todos interactuando entre sí.   Estos contextos son intenciones, motivaciones, sociedad, cultura, corpus, y estructura.

El primero se refiere al estudio de  la relación entre un texto y las intenciones de su autor, un estudio que no debe asumir una correspondencia o equivalencia absoluta entre esas intenciones y el contenido del texto.

Otro contexto importante es la vida e historia del autor, su biografía. Examinar la relación entre el texto y la biografía del autor no puede asumir una relación determinante, que la biografía determina las motivaciones del autor y, mediante estas, al texto. El texto no es siempre sintomático de la historia y vida de su autor.

Otro contexto importante es la relación entre el texto y la sociedad, particularmente entre el texto y las instituciones sociales, lo que implica poner atención a la ideología del texto. Pero, y como con las relaciones anteriores, nunca podemos asumir que el texto corresponda absolutamente a los intereses institucionales o ideologías particulares, que sea reflejo de estos. Esto requiere de una lectura del texto sintomática y crítica paralelamente.  

Un contexto adicional sugerido por La Capra es el contexto cultural. Además de examinar el impacto de la cultura en la producción del texto esto implica examinar la circulación del texto, entendido como un artefacto o producto cultural, en las redes culturales.  El acceso, distribución y consumo  de ese artefacto es en este respecto  fundamental. También lo son las múltiples interpretaciones del texto.  Recordemos que, a pesar de las intenciones y motivaciones del autor, el texto puede ser leído y significado de muchas formas, aun en formas no imaginadas por el autor.

Otro contexto importante es el corpus del autor, el conjunto de los textos producidos y distribuidos por este. En primera instancia esto envuelve el estudio de la relación, muchas veces enmarañada, entre los textos de un autor. Pero, la atención a esa intertextualidad envuelve también que se considere la relación entre el corpus del autor y los de otros autores. Al examinar la intertextualidad no podemos asumir continuidad absoluta pero tampoco discontinuidad total entre los textos. En muchos casos podría tratarse de una relación dialéctica, intentos por resolver alguna contradicción, argumentación o paradoja que envuelve varios textos. 

Finalmente, La Capra exhorta a examinar la relación entre el texto y los modos del discurso, que envuelve examinar las convenciones y reglas del discurso así como las estructuras de interpretación. Requiere además tomar en cuenta la relación, muchas veces conflictiva, entre el texto y los diversos géneros literarios y sus usos figurativos del lenguaje.

Para Teun A. van Dijk (1998), experto en los estudios del discurso, el contexto se refiere al conjunto de las propiedades de la situación social que son factiblemente relevantes para la producción, estructuración, interpretación y funciones del discurso como artefacto cultural, como un texto o diálogo. Dirige la atención a lo que llama “modelos contextuales”, la forma en la que los participantes de un evento comunicativo, del discurso,  entienden, interpretan y representan las propiedades del contexto o de las propiedades de la situación social. Esas propiedades o dimensiones del contexto son las siguientes: el dominio institucional o social; el género y sus convenciones literarias; las intenciones del autor; los propósitos del autor; la fecha del evento comunicativo; el lugar del evento; las circunstancias o escenarios del mismo; los accesorios y objetos relevantes; el rol comunicativo del autor (rol social y el estatus profesional u ocupacional del autor); el rol y estatus institucional del autor; las afiliaciones organizacionales; la membrecía del autor a grupos y organizaciones; los otros sociales del autor y; las representaciones sociales o colectivas (representaciones compartidas). 

En todo caso, el estudio profundo y sistemático de los contextos de un texto, de todo aquello que viene con el texto,  nos ayuda a entender mejor las variaciones y diferenciaciones de un discurso, del discurso social en nuestro caso, siempre y cuando nos tomemos el trabajo de explicar y no simplemente asumir la relación.  

Referencias

Cancel, M. (2010). Retrieved August 18, 2013, from Pensamiento Social: http://historiasociologia.wordpress.com/2010/09/26/pensar-historicamente-pensamiento-social/

LaCapra, D. (1982). Rethinking Intellectual History and Reading Texts. In D. LaCapra, & S. L. Kaplan (Eds.), Modern European Intellectual History (pp. 47-85). Ithaca: Cornell University Press.

van Dijk, T. A. (1998). Ideology. London: Sage Publications.

 

 

agosto 20, 2013 Posted by | Discurso Social, Dominik LaCapra, Historia del pensamiento social, Mario R. Cancel, Pensamiemto Social Contemporáneo, Teun A. van Dijk | , , , , , | Deja un comentario

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