Pensamiento social

Historia del Pensamiento Social y la Sociología

Dos Corrientes en la Historia Intelectual del Siglo 17: El Absolutismo y el Cientifismo


  • José Anazagasty Rodríguez
  • Sociólogo

El siglo 17 estuvo marcado por el afianzamiento de varias corrientes intelectuales que eventualmente marcarían el pensamiento social ilustrado, además del pensamiento y los intelectuales de la época: el absolutismo real y el cientifismo.

El Absolutismo Real

Una de las corrientes filosóficas más importantes de la época fue el absolutismo real. Después de las últimas guerras religiosas las monarquías se fortalecieron en Europa, sobre todo en España y Francia. Esto provocó mucha especulación filosófica sobre las monarquías. Podemos identificar dos tendencias en el pensamiento absolutista del siglo 17. Una, la dominante, es de carácter providencial, y podríamos llamarle, como sugiere Mario Cancel, un absolutismo neo-providencial. Esta tendencia, inspirada muchas veces en el pensamiento de la contrarreforma,  no solo refirma que es Dios el que forja nuestra historia sino que además plantea que los reyes eran sustitutos de Dios en el planeta, seres dedicados a la ejecución de un plan divino. Esta tendencia reflejaba entonces una visión teocrática del Estado. Una figura ejemplar de esta tendencia fue Jacques-Benigne Bossuet, quien proponía que era la providencia quien guiaba la historia, una historia orientada al desarrollo y fortalecimiento de la Iglesia Católica. Planteaba que el gobierno estaba basado en la obediencia, por lo que solo un gobierno absoluto, el de un Rey limitado solo por la razón, podía ser perfecto.

La segunda tendencia importante en el pensamiento absolutista del siglo 17 fue el absolutismo iusnaturalista.  Este incorporaba las ideas del derecho natural al absolutismo. Aunque el derecho natural les resultaba sospechoso a muchos absolutistas, intelectuales como Samuel Pufendorf lograron justificar el poder absoluto de los reyes basados en las ideas del derecho natural. Este último tenía una visión particular de la sociedad, la que definía como una persona moral compuesta por el estado, la Iglesia, las corporaciones y las familias. Esa sociedad estaba sujeta, planteaba Pufendorf, a entes morales—atributos adscritos por seres racionales a objetos y acciones—ordenados de forma jerárquica, con el Estado como la entia moralia suprema. El Estado poseía dominio absoluto sobre la sociedad y sobre los súbditos, un poder limitado únicamente por la ley o derecho natural. El Estado debía gobernar de acuerdo con esa ley y derecho natural. Gracias a Pufendorf el pensamiento social y político razonado desde la idea del derecho natural continuó su desarrollo durante el siglo 17, aunque ahora era utilizado inclusive para justificar el absolutismo. Se convirtió en un concepto maleable.

El Cientifismo

Otra corriente importante del pensamiento en el siglo 17 fue la del cientifismo. También, podemos notar dos tendencias en el cientifismo. Una tendencia importante de esta corriente fue  el empirismo científico. Este enfatizaba el rol de la experiencia y la percepción sensorial en la producción de conocimiento. Descansaba principalmente en el método científico experimental. Una figura importante y ejemplar de esta tendencia cientificista es Francis Bacon, quien era también un utopista.

Bacon favorecía el razonamiento deductivo y defendía la importancia de eliminar toda noción preconcebida del mundo al realizar un experimento o investigación científica. Según él, se podía y debía estudiar a los humanos y su entorno mediante observaciones detalladas y controladas, realizando generalizaciones discretas, y, basándose en observaciones detalladas que pudieran validarse. Defendía entonces cierto escepticismo científico claramente empirista. Su discusión sobre las ideas preconcebidas o ídolos que limitan la producción del conocimiento, representa una de las primeras expresiones de una sociología del conocimiento.

Otra tendencia dentro del cientifismo es el racionalismo. Se trata de una tendencia filosófica que enfatiza el papel de la razón aun sobre la experiencia empírica y la observación. Algunas de las figuras más importantes del racionalismo son de las más destacadas de la historia intelectual europea: René Descartes, Gottfried Wilhelm Leibniz, y Benito de Spinoza. Típico de esta tendencia es su confianza en la razón (facultad humana), el innatismo (creencia en que algunos conocimientos son innatos), y su apego a las matemáticas (razonamiento lógico sobre relaciones cuantitativas entre entes abstractos). Un buen ejemplo fue Benito de Spinoza.

Se le conoce principalmente por sus contribuciones a la metafísica—el estudio de la naturaleza, estructura, componentes, y principios de la realidad—y por su concepción controversial y particular de Dios y de nuestra relación con esa divinidad. Su visión era de tendencia panteísta y abiertamente opuesta a la visión antropomórfica de Dios. La visión panteísta de la realidad plantea que Dios y la naturaleza son la misma cosa. En el lenguaje de Spinoza, Dios y la naturaleza son una misma sustancia, una cosa en sí misma con atributos infinitos. Para Spinoza Dios es la Naturaleza, la Naturaleza es un Todo, una sola Substancia. Las cosas no son sino partes “inmanentes” del Todo. La visión antropomórfica de Dios, a la que se oponía Spinoza, caracteriza a Dios como un monarca absoluto. Le da a Dios características humanas. Es una personificación de Dios.

Para Spinoza, Dios es un ser absolutamente infinito, una sustancia que comprende una infinidad de atributos que expresa de diversas formas su esencia eterna e infinita. Spinoza, un panteísta monista (el universo es una sola cosa), se oponía al dualismo cartesiano (el universo son dos cosas) que distinguía entre la res extensa—materia—y la res cogitans—espíritu, un dualismo característico también del pensamiento cristiano.

Para Spinoza, una sustancia—lo que existe en sí y posee atributos—no puede causar otra sustancia enteramente distinta. Propuso entonces que si cada sustancia es infinita entonces solo existe una sustancia ultima e infinita, la que llamó Dios. Desde esa perspectiva, y asumiendo que el universo es una sola cosa o sustancia,  propuso que los humanos somos entonces modos finitos de esa sustancia única, modos limitados de Dios, de la naturaleza o de la sustancia. Entonces, no somos, como decía Descartes, un ser mixto de materia y espíritu; somos una única cosa, parte de una única sustancia.

Basado en el innatismo, Spinoza argumentaba que el ser humano era guiado por tres pasiones: la perseverancia (deseo de ser), el gozo (aumento de poder) y la tristeza (disminución de poder). Esta psicología, su concepción del sujeto como un conjunto de pasiones, fue la materia prima de su pensamiento ético, de su pensamiento político y de su pensamiento religioso. Y fiel a su gusto por las matemáticas, como todo racionalista, explicó esa psicología en términos geométricos, particularmente euclidianos. Trató las pasiones como superficies, líneas, y volúmenes. Para Spinoza todo debía ser reducido geométricamente a partir de la idea de Dios, de la sustancia en sí misma. Planteó que las leyes inexorables que determinan el mundo físico, determinan también los movimientos del espíritu, lo que chocaba con la idea del libre albedrío.

Para Spinoza, la libertad se reduce a la beatitud o santidad y se consigue solo mediante el conocimiento adecuado  de la esencia de las cosas, de la sustancia en sí misma, un planteamiento ciertamente metafísico. Eso no es otra cosa que conocer a Dios. La libertad es entonces el ejercicio de la santidad, lo que para él no era el premio de la virtud sino la virtud misma.

Para Spinoza, podemos conocer el mundo y producir nuestras propias ideas, por lo que si abandonamos la pasividad (producimos ideas) y la actividad del alma (recuerden que rechazaba la separación de mente y cuerpo) sería entonces unida a la totalidad, a la naturaleza, a la sustancia, a Dios. El conocimiento de la totalidad, que implica nuestra unificación con la totalidad, es el conocimiento adecuado.

Eso implica evitar ciertos errores, o ídolos como diría Bacon. Para Spinoza esto requería abandonar la ilusión; la ilusión, quimera, solo permite conocer la naturaleza de un modo parcial y fraccionado. Algunos de los errores que identificó Spinoza incluyen: errores teleológicos (creer que el mundo está al servicio del hombre), errores axiológicos (creer que nociones como “perfección” y “monstruosidad”, “malo” y “bueno” permiten conocer la Naturaleza), errores antrolológicos (creer que el hombre mismo es una substancia). Para Spinoza las pasiones surgen de la imaginación, de la ilusión.

Aunque los racionalistas como Spinoza y Descartes enfatizaban la razón, este nunca fue un movimiento radical y absolutamente opuesto al empirismo. Muchos racionalista recurrían en ocasiones a la evidencia empírica y el método científico depende de la razón y/o deducciones racionales y lógicas. La diferencia entre empiristas y racionalistas,  fue más bien una cuestión de grados.

El Absolutismo y el Cientifismo: Su Contribución al Pensamiento Social

El absolutismo contribuyó principalmente a la especulación y teorización del Estado y la vida política, aunque también a la ética. Por supuesto, también contribuyeron al debate sobre la relación entre la iglesia y el Estado, contribuyendo, de forma limitada desde nuestros estándares modernos,  no solo el conocimiento sobre ambas instituciones sino también sobre su compleja relación. Mientras tanto el cientifismo contribuyó al desarrollo de la ciencia, de la razón, el escepticismo, y  la de la visión matemática de la naturaleza y de la sociedad, fundamentales para el desarrollo de las ciencias sociales como ciencias positivistas en la modernidad. No obstante, también contribuyeron a la teoría política, a la ética y a la psicología.

noviembre 12, 2010 Posted by | Absolutismo, Benito de Spinoza, Francis Bacon, Gottfried Wilhelm Leibniz, Historia del pensamiento social, Iusnaturalismo, Jacques-Benigne Bossuet, José Anazagasty Rodríguez, Pensamiento Social Moderno, René Descartes, Samuel Pufendorf, Teoría política | , , , , , , , , , , , , | Deja un comentario

   

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