Pensamiento social

Historia del Pensamiento Social y la Sociología

La Sociología y el Barón de Montesquieu


  • José Anazagasty Rodríguez
  • Sociólogo

Charles Louis de Secondat, Barón de Montesquieu, presentó en 1748 una doctrina de separación de tres poderes —ejecutiva, legislativa y judicial—muy discutida por los historiadores del pensamiento social y político de la modernidad.  Su tipología de los estados y regímenes también ha sido muy discutida. Sin embargo, sus contribuciones al pensamiento sociológico apenas han sido examinadas. Para Salvador Giner 1999 [1967]) “la continuidad del enfoque sociológico de la realidad sólo comienza con Montesquieu.” Esto lo convierte en uno de los precursores más importantes de la sociología o acaso uno de los fundadores de esa disciplina moderna.  

Barón de Montesquieu

Barón de Montesquieu

Su enfoque sociológico era también histórico. Su visión del cambio social o de la historia era distinta y algo más compleja que la visión de muchos de sus contemporáneos, una combinación de una visión lineal y simultáneamente cíclica de la historia (Macfarlane 2013). Pensaba, como muchos otros pensadores de su época, que las sociedades evolucionaban, cambiaban, y se hacían más complejas, sobretodo en términos materiales y tecnológicos. No obstante, Montesquieu se resistía a la idea de que inevitablemente las sociedades progresaban o avanzaban moralmente.

A pesar de su relativa distancia de la idea ilustrada del progreso, Montesquieu si compartía con otros pensadores de su época la idea de una historia regida por leyes profundas o latentes que el pensador social debía dilucidar. Suponía asimismo que la sociedad, como su historia, estaba regida por leyes, por una racionalidad inmanente. Por ende lo humano, su historia y sociedad, estaba sujeto al estudio racional. Y su enfoque sociológico era positivamente racional y moderno.

El análisis racional de aquella racionalidad innata de la  sociedad y su historia tenía como propósito esclarecer las leyes o causas generales que la determinaban, lo que Montesquieu muchas veces llamó “la naturaleza de las cosas.” Para él, era tarea del intelectual revelar esas causas generales, las que no siempre podían observarse directamente. Es una posición similar a la de los sociólogos y antropólogos estructuralistas clásicos, incluyendo la de los funcionalistas-estructuralistas. Otro aspecto en el acercamiento de Montesquieu que sentaría las bases para el estructuralismo es que el mismo era relacional. Para Montesquieu todo fenómeno social estaba relacionado a otros fenómenos y entender cada uno requería hacerlo en términos de su relación a otros fenómenos. Montesquieu subrayaba las relaciones entre distintas entidades, relaciones que describía como estables y duraderas, características aún hoy usadas por los sociólogos para describir las estructuras sociales. Esto requería de un método holístico, un estudio desde la totalidad típico también de la sociología estructuralista. Para Montesquieu la idea era encontrar el “espíritu” que gobernaba o regulaba las relaciones, su naturaleza, sus causas generales (Macfarlane 2013).   

Otro aspecto muy sociológico de Montesquieu era su determinismo. El determinismo es una doctrina que sostiene que todo acontecimiento físico, incluyendo la actividad social, están causalmente determinados por la perenne sucesión de causas y efectos. Desde esa perspectiva determinista el estado existente y presente “determina” en algún sentido el estado por venir, el futuro. Para muchos pensadores de la era moderna, Montesquieu entre ellos, el medio físico—ambiente, clima y geografía—determinaba los fenómenos y actividades sociales e inclusive a los individuos mismos. Si bien hoy el determinismo geográfico carece de validez es importante señalar que con este Montesquieu registraba el hecho de que los fenómenos sociales son producto de un complejo conjunto de factores, incluyendo factores ambientales (Giner 1999 [1967]). Si bien hoy se reconoce su importancia muy pocos sociólogos tratarían esos factores como factores determinantes y definitivos de la actividad social.

Montesquieu no solo reconoció la relevancia de los factores ambientales sino además que dirigió la atención a una serie de variables que siguen siendo de interés para la mayoría de los sociólogos: el volumen de la población, la organización del trabajo, la migración, el comercio, y la religión (Giner 1999 [1967]). El acercamiento “sociológico” de Montesquieu, como lo sugiere su crítica moral,  estaba además guiado por motivaciones normativas, una preocupación por la moral que también motivaba a varios de los primeros sociólogos, entre ellos a Eugenio María de Hostos y Harriet Martineau.  

Finalmente, y en su intento por entender la historia humana y sus leyes Montesquieu desarrolló una serie de métodos o técnicas que sentaron las bases de las ciencias sociales y que por supuesto contribuirían también a la historiografía. Primero, su método era enteramente comparativo, produciendo lo que hace un tiempo se llamaba la sociología comparada, la comparación de procesos sociales en diferentes sociedades (Macfarlane 2013; Giner 1999 [1967]). Montesquieu estaba particularmente interesado en la comparación de los sistemas políticos o estados. Eventualmente, sociólogos como Comte y Durkheim, entre otros, subrayarían la importancia del método comparativo. Segundo, sus métodos estaban fundamentados en los tipos-ideales, más adelante renovados por el sociólogo Max Weber (Macfarlane 2013). Los tipos ideales son un instrumento conceptual para establecer los rasgos esenciales de los fenómenos sociales. Estos modelos esencialistas permiten examinar fenómenos sociales concretos, que tanto se acercan o se alejan los fenómenos concretos y reales de los rasgos esenciales o ideales del tipo-ideal. Lo más importante de estos tipos-ideales es que facilitan las comparaciones, fundamentales, como ya dijimos, a la sociología de Montesquieu.  Tercero, y como muchos de los sociólogos clásicos del siglo diecinueve, el método de Montesquieu era deductivo procediendo lógicamente de lo universal (o al menos general) a lo particular (Macfarlane 2013). Las observaciones empíricas de Montesquieu y su análisis las realizaba para demostrar principios o postulados lógicos y racionales.

Es por todas las razones mencionadas que el Barón de Montesquieu es considerado uno de los fundadores de la sociología o al menos uno de sus más importantes predecesores. 

*Preparado para el curso Historia del Pensamiento Social enseñado junto a Mario R. Cancel.

 

Referencias

Giner, S. (1999[1967]). Historia del Pensamiento Social. España: Ariel.

Macfarlane, A. (2013). Montesquieu and the Making of the Modern World. CreateSpace Independent Publishing Platform.

 

 

septiembre 10, 2013 Posted by | Barón de Montesquieu, Determinismo, Determinismo geográfico, División de poderes, El espíritu de las leyes, Historia del pensamiento social, Ilustración, Pensamiento ilustrado, Racionalismo, Salvador Giner | , , , , , , , , , | 1 Comentario

Montesquieu: Teoría de la separación de poderes (1748)


Hay en cada Estado tres clases de poderes: el poder legislativo, el poder ejecutivo de los asuntos que dependen del derecho de gentes y el poder ejecutivo de los que dependen del derecho civil.

Por el poder legislativo, el príncipe, o el magistrado, promulga leyes para cierto tiempo o para siempre, y enmienda o deroga las existentes. Por el segundo poder, dispone de la guerra y de la paz, envía o recibe embajadores, establece la seguridad, previene las invasiones. Por el tercero, castiga los delitos o juzga las diferencias entre particulares. Llamaremos a éste poder judicial, y al otro, simplemente, poder ejecutivo del Estado.

Barón de Montesquieu

La libertad política de un ciudadano depende de la tranquilidad de espíritu que nace de la opinión que tiene cada uno de su seguridad. Y para que exista la libertad es necesario que el Gobierno sea tal que ningún ciudadano pueda temer nada de otro.

Cuando el poder legislativo está unido al poder ejecutivo en la misma persona o en el mismo cuerpo, no hay libertad porque se puede temer que el monarca o el Senado promulguen leyes tiránicas para hacerlas cumplir tiránicamente.

Tampoco hay libertad si el poder judicial no está separado del legislativo ni del ejecutivo. Si va unido al poder legislativo, el poder sobre la vida y la libertad de los ciudadanos sería arbitrario, pues el juez sería al mismo tiempo legislador. Si va unido al poder ejecutivo, el juez podría tener la fuerza de un opresor.

Todo estaría perdido si el mismo hombre, el mismo cuerpo de personas principales, de los nobles o del pueblo, ejerciera los tres poderes: el de hacer las leyes, el de ejecutar las resoluciones públicas y el de juzgar los delitos o las diferencias entre particulares.

En la mayor parte de los reinos de Europa el Gobierno es moderado porque el príncipe, que tiene los dos primeros poderes, deja a sus súbditos el ejercicio del tercero. En Turquía, donde los tres poderes están reunidos en la cabeza del sultán, reina un terrible despotismo.

En las Repúblicas de Italia, los tres poderes están reunidos, y hay menos libertad que en nuestras Monarquías. Por eso, el Gobierno necesita para mantenerse de medios tan violentos como los del Gobierno turco. Prueba de ello son los inquisidores de Estado y el cepillo donde cualquier delator puede, en todo momento, depositar su acusación en una esquela.

Veamos cuál es la situación de un ciudadano en estas Repúblicas: el mismo cuerpo de magistratura tiene, como ejecutor de las leyes, todo el poder que se ha otorgado como legislador;

puede asolar al Estado por sus voluntades generales, y como tiene además el poder de juzgar, puede destruir a cada ciudadano por sus voluntades particulares.

El poder es único, y aunque no haya pompa exterior que lo delate, se siente a cada instante la presencia de un príncipe despótico.

Por eso, siempre que los príncipes han querido hacerse déspotas, han empezado por reunir todas las magistraturas en su persona; y varios reyes de Europa, todos los grandes cargos del Estado. (…)

El espíritu..edición de 1749

El poder judicial no debe darse a un Senado permanente, sino que lo deben ejercer personas del pueblo, nombradas en ciertas épocas del año de la manera presenta por la ley, para formal/ un tribunal que sólo dure el tiempo que la necesidad lo requiera.

De esta manera, el poder de juzgar, tan terrible para los hombres, se hace invisible y nulo, al no estar ligado a determinado estado o profesión. Como los jueces no están permanentemente a la vista, se teme a la magistratura, pero no a los magistrados. (…)

Si el poder legislativo deja al ejecutivo el derecho de encarcelar a los ciudadanos que pueden responder de su conducta, ya no habrá libertad, a menos que sean detenidos para responder, sin demora, a una acusación que la ley considere capital, en cuyo caso son realmente libres, puesto que sólo están sometidos al poder de la ley.

Pero si el poder legislativo se creyera en peligro por alguna conjura secreta contra el Estado, o alguna inteligencia con los enemigos del exterior, podría permitir al poder ejecutivo, por un período de tiempo corto y limitado, detener a los ciudadanos sospechosos, quienes perderían la libertad por algún tiempo, pero para conservarla siempre. (…)

Puesto que en un Estado libre, todo hombre, considerado como poseedor de un alma libre, debe gobernarse por sí mismo, sería preciso que el pueblo en cuerpo desempeñara el poder legislativo. Pero como esto es imposible en los grandes Estados, y como está sujeto a mil inconvenientes en los pequeños, el pueblo deberá realizar por medio de sus representantes lo que no puede hacer por sí mismo. (…)

La gran ventaja de los representantes es que tienen capacidad para discutir los asuntos. El pueblo en cambio no está preparado para esto, lo que constituye uno de los grandes inconvenientes de la democracia. (…)

Todos los ciudadanos de los diversos distritos deben tener derecho a dar su voto para elegir al representante, exceptuando aquéllos que se encuentren en tan bajo estado que se les considere carentes de voluntad propia. (…)

El poder ejecutivo debe estar en manos de un monarca, porque esta parte del Gobierno, que necesita casi siempre de una acción rápida, está mejor administrada por una sola persona que por varias; y al contrario, las cosas concernientes al poder legislativo se ordenan mejor por varios que por uno solo.

Si no hubiera monarca y se confiara el poder ejecutivo a cierto número de personas del cuerpo legislativo, la libertad no existiría, pues los dos poderes estarían unidos, ya que las mismas personas participarían en uno y otro.

Si el cuerpo legislativo no se reuniera en asamblea durante un espacio de tiempo considerable, no habría libertad, pues sucedería una de estas dos cosas: o no existirían resoluciones legislativas, en cuyo caso el Estado caería en la anarquía, o dichas resoluciones serían tomadas por el poder ejecutivo, que se haría absoluto. (…)

Si el poder ejecutivo no posee el derecho de frenar las aspiraciones del cuerpo legislativo, éste será despótico, pues, como podrá atribuirse todo el poder imaginable, aniquilará a los demás poderes.

Recíprocamente el poder legislativo no tiene que disponer de la facultad de contener al poder ejecutivo, pues es inútil limitar la ejecución que tiene sus límites por naturaleza; y además, el poder ejecutivo actúa siempre sobre cosas momentáneas. (…)

Pero si en un Estado libre el poder legislativo no debe tener derecho a frenar al poder ejecutivo, tiene, sin embargo, el derecho y debe tener la facultad de examinar cómo son cumplidas las leyes que ha promulgado. (…)

El poder ejecutivo debe participar en la legislación en virtud de su facultad de impedir, sin lo cual pronto se vería despojado de sus prerrogativas. Pero si el poder legislativo participa en la ejecución, el ejecutivo se perderá igualmente.

Si el monarca participara en la legislación en virtud de su facultad de estatuir, tampoco habría libertad. Pero como le es necesario, sin embargo, participar en la legislación para defenderse, tendrá que hacerlo en virtud de su facultad de impedir. (…)

He aquí, pues, la constitución fundamental del Gobierno al que nos referimos: el cuerpo legislativo está compuesto de dos partes, cada una de las cuales tendrá sujeta a la otra por su mutua facultad de impedir, y ambas estarán frenadas por el poder ejecutivo que lo estará a su vez por el legislativo.

Los tres poderes permanecerían así en reposo o inacción, pero, como por el movimiento necesario de las cosas, están obligados a moverse, se verán forzados a hacerlo de común acuerdo.

Tomado de Barón de Montesquieu, Del espíritu de las leyes. Madrid: Tecnos, 1972, pág. 151-157.

Comentario:

El francés Charles Louis de Secondat, Barón de Montesquieu (16891755), formuló en 1748 la doctrina de separación de tres poderes —ejecutivo, legislativo y judicial—, sugerida anteriormente por el filósofo inglés John Locke. La novedosa concepción del Estado, se convertiría en una meta de las revoluciones posteriores contra el Absolutismo Monárquico identificado con los tiempos oscuros del Medioevo, con el nombre de República. Montesquieu no era un Republicano en el sentido moderno del concepto. Favorecía una Monarquía Limitada, sistema en el cual el Rey debía ejercer el poder ejecutivo, el parlamento instituir, derogar o modificar las leyes, y los magistrados y jueces, castigar los delitos y adjudicar las diferencias y disputas entre particulares. Su meta detrás de ello es el Equilibrio y la Armonía social, igual que en las propuestas clásicas que le precedieron.

Ese ideal moderado se difundió por buena parte de Europa Occidental, animó al liderato de la primera etapa de la Revolución Francesa de 1789, el Girondino, y tras la experiencia del Terror entre 1793-1794, se transformó en una opción concreta no radical que incluso penetró a clases políticas tan moderadas como la de España. Por ese medio las propuestas de Montesquieu se manifestaron en Puerto Rico temprano en el siglo19. El Espíritu de las Leyes, obra en la cual expresó su teoría del manejo del Estado, ha sido una de las obras más influyentes en las prácticas políticas occidentales.

Fíjese el lector que los argumentos de Montesquieu proceden de una interpretación pura del Derecho: no toman en cuenta otras fuerzas que pueden impactar en el ejercicio del Poder tales como las fuerzas económicas, la imagen o los prejuicios culturales del Pueblo o la manipulación de esas esferas por cierto fragmentos del poder. El análisis es esencialmente jurídico. Sus argumentos convienen en que el ejercicio del Poder es materia que corresponde a una minorías selectas: su planteamiento está muy lejos del concepto de Democracia Popular que dominó a los Jacobinos en 1793. Los pensadores sociales del siglo 19 insertarán esos principios en la discusión, con lo cual ayudarán a formular una interpretación más holística y por lo mismo más compleja.

  • Mario R. Cancel
  • Historiador y escritor

diciembre 18, 2010 Posted by | Barón de Montesquieu, División de poderes, El espíritu de las leyes, Historia del pensamiento social, Ley, Mario R. Cancel, Monarquía limitada, Pensamiento ilustrado, Pensamiento Social Moderno, Racionalismo, Razón, Teoría política | , , , , , , , , , , | 10 comentarios

   

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